Dichosa, aún con lágrimas

Santiago 1:12 y lo que estoy aprendiendo en medio de la prueba

«Bienaventurado el hombre que persevera bajo la prueba, porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de la vida, que el Señor ha prometido a los que le aman». (Santiago 1:12, LBLA)

Hoy leí este versículo y me detuve a pensar.

Bienaventurado significa dichoso, bendecido… Pero, Señor, ¿cómo puedo ser dichosa mientras atravieso algo que me cuesta tanto? ¿Cómo se unen la felicidad y las lágrimas?

Entonces pensé en el ejercicio físico. Pasé por una depresión muy profunda, y hubo días en que no quería hacer nada. Mi nuera y mi consuegra, que aman ir al gimnasio, me decían: «Mira, comienza». Y yo realmente no podía.

Hasta que una mañana dije: «Voy a intentarlo». Fui y comencé a caminar. No mucho: 15 minutos. Poco a poco llegué a caminar tres millas por día. No sé si vi cambios en mi cuerpo, pero sí los vi dentro de mí: sentía más fuerza.

Aun así, nunca dejó de ser real lo que me pasaba. Estaba recibiendo tratamiento, y lo que viví fue verdadero. Caminar no lo borró, pero me enseñó algo.

Esa experiencia me ayudó a comprender algo de la perseverancia. Aunque en la vida muchas pruebas llegan sin que las elijamos, en medio de ellas también podemos aprender a confiar, a pedir ayuda y a reconocer cuánto necesitamos a Dios.

Pero hay una diferencia: los resultados no siempre se ven pronto. Hay oraciones cuya respuesta esperamos por mucho tiempo y heridas que necesitan cuidado y paciencia. Mi esperanza tiene que descansar en algo más firme que los cambios que alcanzo a ver.

Al volver al versículo, noté que Santiago no llama dichoso al que no sufre, sino al que persevera. Y lo dice por la promesa que tiene por delante: la corona de la vida que el Señor ha prometido a quienes lo aman. Esa corona llega cuando la prueba termine, pero la promesa ya me sostiene hoy.

Eso me permite respirar. Puedo acercarme a Dios con mis lágrimas, con mis preguntas y con el cansancio que a veces no sé explicar. Puedo decirle: «Señor, hoy me cuesta. Necesito que me sostengas para dar el próximo paso».

Quizás hoy perseverar sea abrir su Palabra aunque me cueste concentrarme. Hacer una oración entre lágrimas. Aceptar la mano de quien me anima. Descansar y volver a intentarlo mañana.

Estoy aprendiendo que puedo estar triste y seguir teniendo esperanza. Que mi debilidad puede convertirse en un lugar de encuentro con Dios. Que todavía hay mucho de su amor por conocer, aun en los días difíciles.

Si hoy también estás atravesando una prueba, te invito a leer Santiago 1:2-5 y 12 con calma. Podemos comenzar con esta oración:

«Señor, dame sabiduría para vivir este día. Ayúdame a conocerte en medio de lo que todavía no entiendo y a descansar en tus promesas. Amén».

Deja una respuesta